Resulta difícil sacar conclusiones positivas de una tarde como la vivida en Córdoba. Lo primero, porque en una ciudad de 300.000 habitantes, Morante de la Puebla y Miguel Ángel Perera sólo fueron capaces de meter en el coso de Los Califas algo más de 8000 personas. Siendo generosos y tirando por lo alto. A pesar de lo atractivo del cartel, no había ambiente de toros.
Si preocupante resulta este tema, no le va a la zaga la corrida lidiada por Buenavista, triunfadora el año pasado en esta misma plaza. Otra vez la falta de casta y bravura, que es lo que mantiene viva la Fiesta, brilló por su ausencia. Por no hablar de su presentación. Muy desigual en conjunto, con varios toros terciados y con un tercer ejemplar indigno para una plaza de primera categoría.
Ya no sólo es inaceptable que un toro así se reseñe en el campo. Más doloroso es que los veterinarios y la autoridad lo aprueben en los corrales. Que hagan y deshagan a su antojo, sin miramientos. Sin pensar por el que pasa en taquilla.
Ese tercer toro, de nombre ‘Diminuto', fue toda una muestra de lo que no debe ser un toro bravo. Sus hermanos tampoco tenían hechuras de embestir. Unos por terciados, otros por estar poco rematados y algún que otro ‘culopollo'. Sacar algo de partido de toros así, se antoja casi imposible.
Sumando todos estos factores, uno de los carteles estrellas del ciclo se fue al traste. Todo quedó en papel mojado. Porque ni la oreja que cortó Miguel Ángel Perera consiguió levantó la tarde. El trofeo le llegó en su primero, un toro que flojeó de salida pero que medio cumplió en el primer encuentro en el caballo. Fue lo único que hizo, pues llegó al último tercio casi sin opciones.
Comenzó Perera toreando en línea por el pitón derecho, pulseando la embestida y consiguiendo ligar a media altura a un toro que salía mirando al tendido. Por el pitón izquierdo le avisó hasta en tres ocasiones. Hasta que le pegó la voltereta. Y por un toro así no vale la pena jugarse la cornada. El extremeño volvió al pitón derecho, con el Buenavista ya muy rajado, antes de concluir con unas ceñidas manoletinas y matar de una estocada caída.
El quinto sólo le duró quince muletazos. Dos series en las que Perera consiguió ligar a base de quedarse fuera de sitio, para evitar atacar al toro y que se le parase definitivamente. No lo logró. La falta de casta y de bravura es lo que tiene. Finalmente, optó por buscar el arrimón, aunque el público ya estaba a otros menesteres.
A Córdoba llegaba Daniel Luque tras el golpe en la mesa que dio en Madrid, que le ha dado aún mucha más seguridad y confianza. Basta con ver su forma de estar y actuar en la plaza. Y de torear con el capote y con muleta. Un soplo de aire fresco. Lástima que todo lo bueno quedase empañado por la nula presencia de su primero y el mal uso de la espada. Esa espada....
Porque a ese ‘Diminuto' lo toreó con mucha dulzura a la verónica y por delantales. Manejando con gusto y garbo las muñecas. También lo hizo con la muleta, hasta que el toro se lo permitió y se tuvo que meter entre los pitones. Con firmeza y frialdad. Pero también con técnica. Esas mismas virtudes las volvió a sacar con el remiendo de Albarreal, con muy pocas fuerzas, al que intentó exprimir al máximo. Y sin cortar trofeos, dejó muy buenas sensaciones.
Del pésimo encierro de Buenavista, lo peor se lo llevó Morante. Pero da gusto ver al de la Puebla, incluso con esos toros que no dicen nada. El que abrió plaza tuvo muy poca clase y a base de raza consiguió buenos pasajes sueltos. Al cuarto lO toreó con muchísima personalidad, en un quite por verónicas rematadas por una buena media. Una vez más, el de Buenavista no quiso que hicieran con él una obra maciza. Aquí todavía se habla de la que construyó en Madrid.
El comienzo de faena, sentado en el estribo, transmitía torería. Con un trincherazo de miedo... que hizo que el toro se derrumbara y dijera que nones. Ahí se acabó todo, pese a la buena disposición del sevillano.
Si preocupante resulta este tema, no le va a la zaga la corrida lidiada por Buenavista, triunfadora el año pasado en esta misma plaza. Otra vez la falta de casta y bravura, que es lo que mantiene viva la Fiesta, brilló por su ausencia. Por no hablar de su presentación. Muy desigual en conjunto, con varios toros terciados y con un tercer ejemplar indigno para una plaza de primera categoría.
Ya no sólo es inaceptable que un toro así se reseñe en el campo. Más doloroso es que los veterinarios y la autoridad lo aprueben en los corrales. Que hagan y deshagan a su antojo, sin miramientos. Sin pensar por el que pasa en taquilla.
Ese tercer toro, de nombre ‘Diminuto', fue toda una muestra de lo que no debe ser un toro bravo. Sus hermanos tampoco tenían hechuras de embestir. Unos por terciados, otros por estar poco rematados y algún que otro ‘culopollo'. Sacar algo de partido de toros así, se antoja casi imposible.
Sumando todos estos factores, uno de los carteles estrellas del ciclo se fue al traste. Todo quedó en papel mojado. Porque ni la oreja que cortó Miguel Ángel Perera consiguió levantó la tarde. El trofeo le llegó en su primero, un toro que flojeó de salida pero que medio cumplió en el primer encuentro en el caballo. Fue lo único que hizo, pues llegó al último tercio casi sin opciones.
Comenzó Perera toreando en línea por el pitón derecho, pulseando la embestida y consiguiendo ligar a media altura a un toro que salía mirando al tendido. Por el pitón izquierdo le avisó hasta en tres ocasiones. Hasta que le pegó la voltereta. Y por un toro así no vale la pena jugarse la cornada. El extremeño volvió al pitón derecho, con el Buenavista ya muy rajado, antes de concluir con unas ceñidas manoletinas y matar de una estocada caída.
El quinto sólo le duró quince muletazos. Dos series en las que Perera consiguió ligar a base de quedarse fuera de sitio, para evitar atacar al toro y que se le parase definitivamente. No lo logró. La falta de casta y de bravura es lo que tiene. Finalmente, optó por buscar el arrimón, aunque el público ya estaba a otros menesteres.
A Córdoba llegaba Daniel Luque tras el golpe en la mesa que dio en Madrid, que le ha dado aún mucha más seguridad y confianza. Basta con ver su forma de estar y actuar en la plaza. Y de torear con el capote y con muleta. Un soplo de aire fresco. Lástima que todo lo bueno quedase empañado por la nula presencia de su primero y el mal uso de la espada. Esa espada....
Porque a ese ‘Diminuto' lo toreó con mucha dulzura a la verónica y por delantales. Manejando con gusto y garbo las muñecas. También lo hizo con la muleta, hasta que el toro se lo permitió y se tuvo que meter entre los pitones. Con firmeza y frialdad. Pero también con técnica. Esas mismas virtudes las volvió a sacar con el remiendo de Albarreal, con muy pocas fuerzas, al que intentó exprimir al máximo. Y sin cortar trofeos, dejó muy buenas sensaciones.
Del pésimo encierro de Buenavista, lo peor se lo llevó Morante. Pero da gusto ver al de la Puebla, incluso con esos toros que no dicen nada. El que abrió plaza tuvo muy poca clase y a base de raza consiguió buenos pasajes sueltos. Al cuarto lO toreó con muchísima personalidad, en un quite por verónicas rematadas por una buena media. Una vez más, el de Buenavista no quiso que hicieran con él una obra maciza. Aquí todavía se habla de la que construyó en Madrid.
El comienzo de faena, sentado en el estribo, transmitía torería. Con un trincherazo de miedo... que hizo que el toro se derrumbara y dijera que nones. Ahí se acabó todo, pese a la buena disposición del sevillano.
FICHA DE LA QUINTA DE LA FERIA DE LA SALUD EN CÓRDOBACórdoba. Jueves 28 de Mayo. 6ª Feria de la Salud. Media plaza. Cinco toros de Buenavista y uno de Albarreal (6º), desiguales de presentación y hechuras, terciados en conjunto. El 3º, muy anovillado. Descastados y deslucidos. Morante de la Puebla, silencio tras aviso y ovación con saludos.Miguel Ángel Perera, oreja y ovación con saludos.Daniel Luque, ovación con saludos y ovación con saludos.Se desmonteró el banderillero Curro Robles tras parear al tercero y Joselito Gutierrez tras parear al quinto.
Información http://www.elburlero.es/










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